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Sobre la Asignatura de Música

En primer lugar quiero mostrar desde aquí todo mi apoyo y admiración por los profesores de música, tanto de primaria como de secundaria, que luchan día a día para tratar de enseñar batallando contra unas leyes educativas absurdas y contra una clase repleta de alumnos que no quieren aprender lo que les enseñan.

Del mismo modo quiero reivindicar la asignatura que imparten, pero no solo la música, sino también, sobre todo en secundaria, las materias de humanidades, aquellas que nos forman como personas, por ejemplo Filosofía, que parece ser que es una asignatura sobre la que los padres dicen aquello de “más matemáticas y menos rollos” ¿desde cuando aprender a pensar es un rollo?. Así nos va, tenemos un país repleto de titulados universitarios en Ingenierias pero poca gente pensando libremente.
En fín, como no soy titulado en Filosofía no cometeré la imprudencia de abordar este tema en más profundidad, aunque bueno, de momento tampoco soy titulado en música y aquí estoy, soltando rollos sobre música que seguramente no le interesen a nadie.

Comencemos con aquello que quiero decir; ¿como contemplan la asignatura de música las desastrosas leyes educativas implantadas en este país desde la L.O.G.S.E? pues no lo se, ni yo ni creo que nadie.

¿Cual debe ser el objetivo de la asignatura? pues para esa pregunta si tengo una respuesta: FORMAR AL PATIO DE BUTACAS! o sea, instruir oyentes, porque entre otras cosas los músicos se forman en los conservatorios (si hay algún político leyendo esto que tome apuntes).

La realidad con la que nos encontramos es que tenemos un problema, y este no es otro que el desfase temporal entre la música y el patio de butacas. Mientras el patio de butacas ha quedado anclado en el S. XIX la música ha atravesado todo el S.XX y se ha adentrado en el S. XXI, en total más de un siglo de desfase.

Todos hemos escuchado alguna vez aquello de “esque la música contemporánea no se entiende”, pero claro, hay que tener en cuenta que para el patio de butacas Arnold Schoenberg, que murió en 1951, es música contemporánea.

Ante todo lo anterior yo estoy plenamente convencido de que unas leyes educativas, realizadas por expertos, donde por fín hagan ver a los políticos que la música en las aulas es necesaria y que el fin de la asignatura debe ser formar oyentes, recortaría mucho ese desfase temporal del que he hablado entre música y oyentes.

Una ley que incluya en los contenidos de la asignatura las herramientas necesarias para que los profesores puedan enseñar a sus alumnos a escuchar, a distinguir y a apreciar.

Que los alumnos sean capaces de distinguir entre clásico y romántico, que sepan que la música no es solo una linea horizontal de notas que se pueden silbar o canturrear.

Que aprendan que música es todo, el famoso “All is Music” de John Cage, que por ejemplo, se pueden juntar una serie de sonidos granulares manipulados electrónicamente y sigue siendo música, no ruído como lo llaman despectivamente.

También que aprendan que las obras musicales, las “de verdad”, están construidas en torno a una idea, que tienen una carga intelectual y que los sonidos están organizados dentro de dicha obra de forma que puedan expresar coherentemente dicha idea. Porque la música sin ninguna carga intelectual deja de ser arte para pasar a ser puro entretenimiento.

Podría seguir, pero creo que mi posición queda suficientemente clara.

Los profesionales los tenemos, y muy buenos, ya se encuentran trabajando en esas aulas, solo falta que los políticos les escuchen y les hagan caso.

En definitiva, creo que solo instruyendo al futuro patio de butacas se podrá poner fin a ciertos estigmas relacionados con la música.

Para terminar quiero mostrar de nuevo todo mi apoyo y admiración a estos magníficos profesionales que trabajan tanto en las aulas de primaria como en las de secundaria.

Esteban Peris Aviñó.

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De la Música para Banda

¿Alguien ha ido últimamente a un concierto de Banda? ¿Qué tipo de música se incluía en el programa? ¿se parecía la una a la de antes y a la de después? ¿a qué sí?

Pues esa es la realidad de la mayoría de los programas que ofrecen las bandas de música hoy en día. Nada nuevo, más de lo mismo y todo igual, absolutamente todo suena igual, da igual quien firme la obra, mismos giros, mismas armonías, el sufrido 7/8, y toda programática, absolutamente toda.

Este es el “secuestro” estético al que se tiene sometida a la música para banda y todo porque alguna gente defiende a capa y espada que ese es el gusto del público que asiste a los conciertos de las bandas……..¡ya estamos otra vez con los “grandes conocedores” de los gustos del público!.

Pondré un ejemplo sobre una experiencia personal.

No hace mucho tiempo asistí a un ensayo donde uno de estos compositores, que basándose en su “gran conocimiento” sobre los gustos del público escribe su música fundamentada en tan sublimes conocimientos sociológicos, vino a explicar su obra.

Pues bien ¡no he visto nada más surrealista en toda mi vida! No habló ni una sola palabra sobre música ¡ni una sola!

La obra era programática (como no) y fundamentaba toda la música en el programa, cada nota, cada descabello armónico, absolutamente toda la obra la “sostenía” el programa (y en mi opinión ni así), porqué sin el programa la obra era un castillo de paja, no se sostenía de ninguna de las maneras.

Total, que el buen hombre se pasó dos horas hablando de valles, montañas, hojas que caen de las árboles, despedidas a ritmo de bolero………pero de música ni una sola plabra.

Dice Aaron Copland en su libro “Como escuchar la música” , y cito textualmente:

“La música escrita para un programa debe ser capaz de funcionar por ella sola si se le elimina el programa” (Copland, A. (2014). Como Escuchar la Música. S.L. Fondo de Cultura Económica de España.)

En fin, se ve que el hombre no ha leído el libro.

Y en esas nos encontramos. Llegados a este punto, por favor, que nadie piense que estoy diciendo que toda la música programática para banda es una basura ¡ni muchísimo menos!, afortunadamente hay música programática para banda que es una auténtica maravilla, mucha, muchísima y se sigue haciendo muy buena música programática para banda, pero lo triste es que al estar bien escrita es más complicada y se toca menos.

A la música que me refiero es a esa en la que no hay ni el más simple desarrollo motívico, simplemente es una sucesión de melodías, pegadas una detrás de la otra y que no guardan ninguna relación ni con la de antes ni con la después ni con la de 200 compases más allá.
Por cierto, la proliferación de este tipo de música ha hecho que la música de grandes maestros, como por ejemplo Amando Blanquer, quede totalmente relegada.

Ahora bien ¿solo se escribe este tipo de música para banda? Rotundamente ¡no!

Hay muchísimo repertorio original para banda, de una gran variedad estética, entonces ¿por qué no se toca? ¿por qué estamos bajo la tiranía de este tipo de repertorio?

Pues eso me gustaría saber a mí, tal vez la “formación” de mucha de la gente que se pone a la batuta de las bandas y, porque no decirlo, también las influencias e intereses personales (la pela es pela) de cierta gente tenga algo que ver, no sé, tal vez.

En conclusión, hay muchísimo repertorio original para banda muy bueno y muy bien escrito, de estéticas más vanguardistas o más conservadoras, hoy en día se sigue escribiendo muchísima música para banda de una gran calidad, programática o no. Pues busquémosla, saquémosla a la luz y hagámosla sonar y sobre todo atrevámonos a llamar a las cosas por su nombre, lo que no tiene calidad no la tiene y punto, que no “nos vendan la moto” y dignifiquemos a las bandas de música, a su repertorio original, a la gente que se esfuerza en escribir para mejorarlo, para tratar de aportar algo y apoyemos los directores que se atreven a llamar a las cosas por su nombre y a descartar cierto tipo de repertorio……………..¡Hágamos Música!

Esteban Peris Aviñó.

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Lo que le gusta al público

Cuantas veces hemos escuchado aquello de “esque eso es lo que le gusta al público”. Pero eso si, jamás dicen en que informe o estudio se basan y además resulta que bajo esa premisa la asistencia a las salas de concierto disminuye año tras año y desde la gerencia de los auditorios esta pérdida se suele achacar, generalmente, a la gran difusión de la música en Internet.

La verdad es que actualmente uno, desde el salón de su casa, puede acceder rápida y cómodamente a cualquier obra, además en cientos de versiones de la misma.
Pero la disminución de la asistencia ¿es únicamente culpa de Internet? yo personalmente creo que no, los gerentes y programadores también tienen su parte, importante, de responsabilidad.
Me explico, el modelo de gerencia de los auditorios es mayoritariamente económico, con programaciones basadas en “lo que le gusta al público”, pero claro, ¿quien decide lo que le gusta al público? ¿quien ha hecho ese estudio? ¿yo soy público o no? porque a mi nadie me ha preguntado.
Pues es aquí donde nos encotramos con el que, en mi modesta opinión, es uno de los problemas principales, el “melómano tirano”, aquel que exige que la programación de las orquestas, bandas, etc, sea la que a el le gusta y al que los gerentes, en la búsqueda del Euro, están sometidos.
Pero resulta que estos melómanos, que condicionan todas las programaciones, exigen pero no asisten, con lo cual nos encontramos como nos encontramos.
Hace algunas semanas, escuché con gran estupor como se explicaba el modelo general de programar en una orquesta las obras de nueva creación, cito textualmente: “los estrenos contemporáneos se ponen como primera obra a interpretar del programa porque así los abonados pueden llegar con más calma al auditorio si no quieren escuchar la primera obra”………….Con un Par!

Ahora digo yo, si siendo esclavos de ese modelo basado en “el gusto del público” hemos llegado a la situación de que algunas agrupaciones profesionales empiezan a ser casi insostenibles y otras muchas tienen muchísimos problemas para conservar una plantilla estable y compensada ¿y si nos planteamos un cambio de modelo? ¿y si dejamos más hueco a la música de nueva creación y a la vanguardia?.

Un ejemplo, vereis, la Banda Municipal de Valencia ofrece un concierto cada domingo por la mañana en el Palau de la Música de Valencia, además de forma gratuíta ¿creeis que el auditorio se llena? pues no, ¿creeis que asiste nuevo público? pues no.
Misma agrupación, mismo auditorio, pero esta vez interpretando un programa dentro del festival de música contemporánea Ensems,en el que entre otras obras se estrenó “Cantos Atávicos” de José Miguel Fayos Jordán, el concierto era de pago y el auditorio estaba a rebentar!

Da que pensar ¿verdad?, da que pensar que si hay público, da que pensar que igual hay que empezar a soltarse de las cadenas del melómano exigente, anclado en el romanticismo.

Por cierto, cuando hablo de música de nueva creación no me refiero a ninguna corriente estética en particular. Personalmente, como compositor, no soy defensor a ultranza de ninguna corriente estética en concreto, eso si, si soy defensor a ultranza de que la música de nueva creación, sea de la corriente estética que sea,  tiene que aportar algo y sobre todo tener calidad.

En la música para banda, por ejemplo, recientemente he tenido la fortuna de asistir a dos estrenos de obras, con dos estilos estéticos antagónicos, pero ambas de una calidad fantástica, como son “400” de Andrés Valero-Castells y “Màscares” de Voro García, ambas tuvieron una acogida fantástica por parte de crítica y público. Si, de público, de ese público del que muchos presumen de tener la verdad absoluta sobre sus gustos ¿o será que a estos últimos seguir manteniendo al público en este adormecimiento les beneficia porque repercute directamente en su propio bolsillo?

Esta misma gente que dice que la música más de vanguardia solo son “ruídos” pero aplauden a rabiar tomaduras de pelo de estilo Hollywoodiense.

Igual lo que hay que hacer es trabajar más al público y con el público. En el libro “La Escritura del Gesto” (Boulez, Pierre. Ed.Gedisa, Barcelona,2011) Pierre Boulez comenta que cuando se hizo cargo de la Orquesta de la BBC en 1966 comenzó a programar conciertos con programas de música de vanguardia en los que previamente los compositores explicaban sus propias obras y tras el concierto había una tertulia, tipo mesa redonda, en la que el público preguntaba directamente al compositor sobre lo que había escuchado. Ese formato me parece fantástico! Debería de retomarse. Creo que así conseguiríamos acercar más la creación al público y podríamos ayudarles a comprender que detrás de toda partitúra debe haber un trabajo intelectual y artístico y que las armonías de Hollywood están muy bien………… pero en las películas.

Conclusión, liberémonos del yugo de los criterios solo económicos y reeduquemos al público, acerquémosle a la música más actual, mostrémosela y hagamos que la comprenda. Liberémoslo del secuestro estético al que están sometidos para que ellos a su vez nos liberen del que ellos nos someten a nosotros. Pero hagámoslo, de nada sirve solo lamentarse y “lamerse las heridas”.

Por cierto, la próxima vez que alguien os diga que es lo que le gusta o no al público pedidle que os muestre el informe y preguntadle a cuantos conciertos ha asistido últimamente.

 

Esteban Peris Aviñó.

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“Malalts de festa”. El “hágalo ud. mismo” no es una buena opción.

“Malalts de festa” es una expresión utilizada por los grandes amantes de todo lo que rodea a la preciosa fiesta de los Moros y Cristianos a lo largo de toda la Comunidad Valenciana.

Personalmente, mi participación en esta fiesta es más como músico aficionado que como compositor, pero es mi formación como compositor la que me hace publicar esta opinión referente a la música escrita para “la festa”.

Empecemos por el principio. Históricamente la fiesta ha cuidado mucho su música, múchísimo, en cuyo repertorio original podemos encontrar auténticas obras de arte escritas por grandes nombres, como por ejemplo el maestro Amando Blanquer, entre muchos otros.

https://youtu.be/xuQoUeyevtg

Esta forma de escribir para la fiesta creó escuela y hoy en día podemos encontrar compositores jóvenes, y menos jóvenes, que, recogiendo el testigo de aquellos grandes maestros, escriben música festera de una calidad maravillosa (me vais a perdonar que no cite ningún nombre porque sería injusto olvidarme de alguien).

Hasta aquí todo correcto, pero esto no acaba aquí.

De unos años a esta parte, impulsada sobre todo por la facilidad de uso de los programas de edición de partituras, está cogiendo fuerza una corriente a la que yo llamo “hágalo ud. mismo”.

Esta corriente esta formada por festeros o músicos aficionados, con un gran amor por la fiesta, pero con una precaria formación musical, que se lanzan sin ningún temor a la escritura de música festera, produciendo auténticas cacofonías sin pies ni cabeza,sin forma de ninguna clase, con instrumentos constantemente en su regístro límite o incluso fuera de registro, con armonías inauditas, etc, etc, etc.

En mi opinión esta corriente esta perjudicando gravemente a esa fiesta a la que tanto aman puesto que el repertorio original esta perdiendo calidad a pasos agigantados, pese a la gran labor de los compositores a los que me refería anteriormente, que ven como su exquisita producción se ve arrollada por toneladas de este tipo de música.

Pongo un ejemplo ilustrativo. Alguien tiene un amigo que va a ser capitán y quiere regalarle una marcha o pasodoble,  pero dispone de poco presupuesto, pues nada, se instala el finale y hala, a escribir una marchita para su amigo.

Pues resulta que no se dan cuenta que más que haciéndole un regalo a su amigo,  lo que está haciendo es estropeándole su capitanía, ¿por qué?

Pongámonos en situación, momento más importante de la fiesta, la entrada, todo ya preparado y arranca ese momento mágico para un capitán, y como no con la banda haciendo sonar la macha que le ha escrito su amigo. Pues bien, a la media hora ese regalo se ha convertido en una pesadilla para el capitán porque la banda se le “ha caído” y cada vez se oye menos.

¿y porqué pasa esto? pues porque resulta que los que van detrás tocando son humanos y no robots y ante una partitura que te lleva siempre al límite del registro, en la que ademas la instrumentación es deficiente y siempre tocan todos todo, que además los contrapuntos (en el dudoso caso de que los haya) van a tortazo limpio con las lineas melódicas principales, encima resulta que las dinámicas son siempre “AR” (a rebentar) y a todo ello le sumamos que no hay ni un solo momento en que respirar, pues resulta que la banda se agota rápidamente y su sonoridad se va apagando.

Con lo cual, para evirar estas cosas, si dispones de poco presupuesto y quieres hacer un regalo a la capitanía de tu amigo y no estropeársela, chico, pues regálale un jamón y quedas como un campeón.

Ahora bien, si lo que quieres es regalarle música ponte en contacto con uno de estos fantásticos compositores que tiene la fiesta, encárgale a ellos la música y así conseguirás un fantástico regalo ya sea para una capitanía, escuadra especial, o simplemente un regalo por amistad.

Todo lo que no sea actuar así es seguir llenando la fiesta de cacofonías.

Conclusión, estimado festero “malalt de festa”, el “hágalo ud. mismo” no es en ningún caso la opción adecuada. No olvides que la música es una parte esencial de esa fiesta que tanto amas, y por consiguiente, cuidar la música es cuidar la fiesta.

 

Esteban Peris Aviñó.

 

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San Solfeo Mártir

Según la definición más aceptada el Solfeo es “el arte del bien combinar los sonidos con el tiempo” aunque con el paso del tiempo esta definición ha mutado a “el arte de combinar los sonidos con el tiempo”, desapareciendo la palabra “bien”. Esta diferencia, que, aunque a simple vista puede parecer insignificante, lleva implícita una auténtica involución en lo que al Solfeo (hoy llamado Lenguaje Musical, y aún nadie me ha sabido explicar por qué) se refiere.

Recuerdo como si fuera hoy mi primera clase de Solfeo en el Conservatorio de la Plaza de San Esteban en Valencia. Lo primero que hizo la profesora, Dña. Elvira Juan Lloret, a la que recuerdo con mucho cariño, fue explicarnos la asignatura. La asignatura constaba de tres bloques:

  1. Solfeo
  2. Teoría
  3. Dictado

y era IMPRESCINDIBLE superar cada uno de ellos con una calificación mínima de 5 para aprobar el curso.

El bloque de solfeo incluía varios libros de solfeo entonado (cuyas lecciones eran de “agárrate y no te menees”, complicadísimas), solfeo rítmico y lecturas a primera vista. El de dictado era progresivo según avanzabas de curso, hasta una alteración y todos los compases binarios en el primer curso, hasta 5 alteraciones y todos los compases binarios y ternarios en segundo, en tercero se llegaba a dictados con todas las alteraciones, en cuarto se incluía el dictado a dos voces y en quinto el de tres voces.

Es decir, se trabajaba profundamente la métrica, la entonación y la formación del oído.

Pues bien, en algún momento todo aquello cambió, nadie sabe cómo ni porqué, pero todo aquello cambió y el cambio fue a peor, a mucho peor.

La realidad musical actual es que existen unos problemas de solfeo terribles, casi rayando lo grotesco. Resulta que en contra de la evolución que ha seguido la música, donde uno de los aspectos que más se ha desarrollado ha sido el del ritmo, la parte de la enseñanza musical encargada de que seamos capaces de estar a la altura de esta evolución se ha dejado TOTALMENTE ABANDONADA.

Antiguamente, dentro de los estudios superiores de música, existía la titulación de Profesor Superior de Solfeo, y cuyo plan de estudios era durísimo, de los más duros junto con los de Composición y Dirección.

Hoy en día aquella titulación, que formaba unos especialistas esplendidos, ha desaparecido sin dejar rastro. Actualmente existen los estudios superiores de Pedagogía en cualquier instrumento, pero alguien, en algún despacho, decidió que no era necesario incluir dentro de las especialidades de Pedagogía la Pedagogía del Lenguaje Musical.

¿A dónde nos ha llevado todo esto? Pues al desastre, al más absoluto y lamentable desastre, y a este desastre las Escuelas de Música de las Sociedades Musicales ha contribuido, y siguen contribuyendo, de manera decisiva.

Si, las escuelas de música de ese modelo que desde Federación nos venden como el “sumum de la magnificencia”, han ejercido como verdugos que han terminado de ajusticiar al Solfeo.

Alguien se ha parado a comprobar, por curiosidad, quien se encarga de las clases de lenguaje en la mayoría de escuelas? ¿con que preparación específica cuenta? ¿Dónde se han formado para la enseñanza del solfeo (lenguaje musical)?

Actualmente resulta que “Solfear” se ha convertido simplemente en dar golpes en la mesa con los nudillos, resulta también que los dictados son algo totalmente surrealista, con “acertar” el compás ya tienes un 5, los compases ternarios y más de tres alteraciones son impensables, y de los dictados a dos y tres voces nunca más se supo. Por no hablar de la enorme cantidad de métodos actuales publicados, y en uso, en gran uso, más preocupados de poner dibujitos bonitos que de un contenido pedagógico de calidad.

El resultado de todo esto es evidente, los ensayos de las bandas de música pasan el 90% del tiempo parados por cuestiones de solfeo y la más mínima complicación solfística es suficiente motivo para descartar la ejecución de una obra. Igualmente, la despreocupación por la formación del oído ha traído a estas formaciones unos problemas de afinación bárbaros. Decía Dña. Elvira Juan Lloret “si no sabes identificar un intervalo, no sabes entonarlo y por consiguiente no sabes tocarlo” a lo que yo digo: Amén.

Si esto se quedara solo en el ámbito amateur de las bandas de música, seguiría siendo preocupante pero no tanto como cuando uno ve con sorpresa, y con total impotencia, que este problema con el solfeo está alcanzado ya al ámbito profesional.

La conclusión es que algo se ha hecho mal, muy mal, con uno de los aspectos fundamentales de la música y que debemos empezar a reparar el daño. Aún hoy siguen en activo muchos de esos magníficos titulados superiores en Solfeo que están por los conservatorios impartiendo otras asignaturas, recuperémoslos, que la administración los ponga donde les corresponde estar, creando la especialidad de Pedagogía del Lenguaje Musical y formando a los futuros profesionales en la enseñanza del Lenguaje Musical.

En definitiva, volvamos a la definición más antigua del solfeo, aquella que lo definía como “el arte del bien combinar los sonidos con el tiempo”.

 

Esteban Peris Aviñó.

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Fórum Internacional de Música

Como introducción diré que la iniciativa de este evento me parece una buena idea muy beneficiosa y aprovechable, pero el formato no resultó como seguramente tenían previsto, sobre todo en cuanto a asistencia, lo cual, personalmente me parece una verdadera lástima, puesto que, viendo el programa, se dio voz y participación a la mayoría de sectores del mundo de la música. Aunque para ser sincero, debo decir que no entiendo la catalogación del fórum como internacional cuando todas las ponencias y los temas tratados en ellas se referían únicamente a aspectos musicales de la Comunidad Valenciana y de la ciudad de Valencia, por lo que la inclusión de la palabra Internacional no tenía ninguna razón de ser.
En cuanto al tema de la educación, a la que se dedicaron varias ponencias y se dio voz a diferentes entidades y organismos, supuso para mí una gran decepción (y disgusto) el que no se diera voz al Conservatorio Superior de Música de Valencia, lo cual no entiendo dado que es el centro más importante de educación musical de la ciudad de Valencia. Del mismo modo me produjo cierto desasosiego el que a la vez que no se le dio voz al CSMV se ofrecía especial protagonismo a Berklee, centro privado cuyo modelo, propio de EEUU, a mi parecer todavía tiene poco que ver con la realidad social y cultural valenciana, aunque me consta que están trabajando en el camino de una mayor integración, por asimilación, en nuestra realidad social.
Una vez más eché en falta la autocrítica en cuanto al sistema educativo musical, sinceramente esperaba encontrar debates en busca de la identificación de problemas y la búsqueda de soluciones, pero nuevamente terminé encontrando intervenciones autocomplacientes que poco o nada aportan para lograr un mejor sistema educativo, hasta el punto que muchas intervenciones, como la del vicepresidente de la Federación Valenciana de Sociedades Musicales, Remigi Morant, fueron más actos de “propaganda” que de reflexión, cuando por propia experiencia pienso que si hay algún sector de la educación musical que necesita una reforma urgente es el de las Escuelas de Música dependientes de las Sociedades Musicales.
En las mesas referidas a las bandas de música hubo intervenciones verdaderamente brillantes que iban directamente a buscar los puntos a mejorar, como fueron las de Sixto Ferrero y José Rafael Pascual Vilaplana.
Ambas intervenciones pusieron “el dedo en la llaga” en cuanto a aspectos referidos a la dignificación de la música de banda y de las sociedades musicales. Estoy totalmente de acuerdo con ambos en que a nuestro magnífico movimiento bandístico se le puede sacar más provecho, pero la realidad actual es que este movimiento lleva unos años más preocupado de acercarse al “Show” en sus conciertos que de la calidad de la música que se interpreta.
Salvo estas dos intervenciones el resto siguieron la línea autocomplaciente.
Que tenemos uno de los mayores fenómenos musicales amateurs del mundo es algo ya de sobra conocido, la pregunta es ¿qué queremos realmente hacer con él?
Para cerrar esta entrada diré que tras el fórum me queda más clara si cabe la sensación que me asalta desde ya hace tiempo, aquellos que nos dedicamos a este maravilloso mundo de la música, en todos sus géneros, debemos pararnos a recapacitar hacia donde queremos llevar a la música en el siglo XXI, pero para ello hace falta más auto crítica, aunque claro, esta es solo mi opinión personal.