Sobre la Asignatura de Música

En primer lugar quiero mostrar desde aquí todo mi apoyo y admiración por los profesores de música, tanto de primaria como de secundaria, que luchan día a día para tratar de enseñar batallando contra unas leyes educativas absurdas y contra una clase repleta de alumnos que no quieren aprender lo que les enseñan.

Del mismo modo quiero reivindicar la asignatura que imparten, pero no solo la música, sino también, sobre todo en secundaria, las materias de humanidades, aquellas que nos forman como personas, por ejemplo Filosofía, que parece ser que es una asignatura sobre la que los padres dicen aquello de “más matemáticas y menos rollos” ¿desde cuando aprender a pensar es un rollo?. Así nos va, tenemos un país repleto de titulados universitarios en Ingenierias pero poca gente pensando libremente.
En fín, como no soy titulado en Filosofía no cometeré la imprudencia de abordar este tema en más profundidad, aunque bueno, de momento tampoco soy titulado en música y aquí estoy, soltando rollos sobre música que seguramente no le interesen a nadie.

Comencemos con aquello que quiero decir; ¿como contemplan la asignatura de música las desastrosas leyes educativas implantadas en este país desde la L.O.G.S.E? pues no lo se, ni yo ni creo que nadie.

¿Cual debe ser el objetivo de la asignatura? pues para esa pregunta si tengo una respuesta: FORMAR AL PATIO DE BUTACAS! o sea, instruir oyentes, porque entre otras cosas los músicos se forman en los conservatorios (si hay algún político leyendo esto que tome apuntes).

La realidad con la que nos encontramos es que tenemos un problema, y este no es otro que el desfase temporal entre la música y el patio de butacas. Mientras el patio de butacas ha quedado anclado en el S. XIX la música ha atravesado todo el S.XX y se ha adentrado en el S. XXI, en total más de un siglo de desfase.

Todos hemos escuchado alguna vez aquello de “esque la música contemporánea no se entiende”, pero claro, hay que tener en cuenta que para el patio de butacas Arnold Schoenberg, que murió en 1951, es música contemporánea.

Ante todo lo anterior yo estoy plenamente convencido de que unas leyes educativas, realizadas por expertos, donde por fín hagan ver a los políticos que la música en las aulas es necesaria y que el fin de la asignatura debe ser formar oyentes, recortaría mucho ese desfase temporal del que he hablado entre música y oyentes.

Una ley que incluya en los contenidos de la asignatura las herramientas necesarias para que los profesores puedan enseñar a sus alumnos a escuchar, a distinguir y a apreciar.

Que los alumnos sean capaces de distinguir entre clásico y romántico, que sepan que la música no es solo una linea horizontal de notas que se pueden silbar o canturrear.

Que aprendan que música es todo, el famoso “All is Music” de John Cage, que por ejemplo, se pueden juntar una serie de sonidos granulares manipulados electrónicamente y sigue siendo música, no ruído como lo llaman despectivamente.

También que aprendan que las obras musicales, las “de verdad”, están construidas en torno a una idea, que tienen una carga intelectual y que los sonidos están organizados dentro de dicha obra de forma que puedan expresar coherentemente dicha idea. Porque la música sin ninguna carga intelectual deja de ser arte para pasar a ser puro entretenimiento.

Podría seguir, pero creo que mi posición queda suficientemente clara.

Los profesionales los tenemos, y muy buenos, ya se encuentran trabajando en esas aulas, solo falta que los políticos les escuchen y les hagan caso.

En definitiva, creo que solo instruyendo al futuro patio de butacas se podrá poner fin a ciertos estigmas relacionados con la música.

Para terminar quiero mostrar de nuevo todo mi apoyo y admiración a estos magníficos profesionales que trabajan tanto en las aulas de primaria como en las de secundaria.

Esteban Peris Aviñó.

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